
“Tú te asombras de que yo soy feliz porque sé bailar y me arreglo tan perfectamente en la superficie de la vida. Y yo, amigo mío, me admiro de que tú estés tan desengañado del mundo, hallándote en tú elemento precisamente en las cosas más bellas y profundas, en el espíritu, en el arte, en el pensamiento. Por eso nos hemos atraído mutuamente, por eso somos hermanos. Yo te enseñaré a bailar y a jugar, y a sonreír, y a no estar contento, sin embargo. Y aprenderé de ti a pensar y a saber, y a no estar satisfecha, a pesar de todo. ¿Sabes que los dos somos hijos del diablo?...””
Anotaciones de Harry Haller
¿Lo sabes?. ¿Lo somos?. Por eso deja el frío. Vente al calor. Al infierno. Y si aún sigues tiritando, acurrúcate a mi lado. No te separes. Solo acurrúcate a mi lado. Aquí el sol quema. El asfalto quema, y la arena, y el metal de los coches, y mi cuerpo cuando te roce. Así es. Aquí abajo. Los dos. Hijos del diablo. Nunca cogimos el camino fácil. Nunca quisimos juicio y juez. Ni nadie que nos dijera que es lo que ahora hay que hacer. Locos a nuestro modo. Y ahí arriba nadie quiere a los locos. Así que el diablo nos mirara, y se reirá. Viéndonos danzar a las puertas de su casa. A las puertas del desierto. Y no te preocupes por la oscuridad. Aquí tienes un faro. Para cuando te pierdas. Y es real, pellízcate, no es un sueño.
El sueño fue lejano. Cuando me regalaste una pequeña furgoneta. De barro. Con colores. Con una ranura para las monedas. Para que ahorres, para que un día te la compres. Y nunca cayó nada dentro. No fui ahorrador, pero si soñador. Y a tu oído te conté mis novelas. De aventuras, casi de ciencia-ficción. Y la calabaza se transformó en carruaje. Y el barro de la furgoneta se hizo metal. Y ahora anda para llevarme a lo que siempre desee. Un viaje en el camino Vivir en la carretera. Y como el destino tiene estas cosas. Y el diablo es juguetón. Serás tú la que me acompañes. Ya no son palabras en tu oído. Ni tu imaginación. Ahora son tus ojos, sobre el horizonte.
Y si en el infierno me he de quedar, allí me encontrare con mi jefe. Y le agradeceré algún día que con su dinero y su despido, hoy el cuento se hizo realidad. Me dio el empujón pensando que me tiraba al vacío, lo que no sabía es que el que estaba vacío era él. Y yo, con los bolsillos llenos, caí de pie, para salir corriendo de allí. Y él seguía empujando, y te empujo a ti. Y volando llegas a mí. Y el diablo bullicioso reirá muy alto. Y nos contagiara la risa. Y en alguna parte, en algún lugar. Cuando se meta el sol o cuando salga. Reiremos tan fuerte, que nos oirá, y él no entenderá nada. Pero la nada es vacío. Y si él está vacío, a mí no me importa nada.
Así que hermana, solo respira hondo, sonríe, que lo que hay tras la puerta es…eso es... otra historia.
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