El cielo azul. Ninguna nube lo recorre. El agua cristalina, verdosa, espumosa. Arena fina. Y yo, solo… solo mirando la línea que divide. La línea horizontal Nada se mueve. Nada de viento. Una ráfaga de aire fresco me hace despertar de mis pensamientos. Venida de algún sitio, una pelota de papel se queda prendida entre mis piernas. La cojo y devuelvo el papel a su forma original. Papel de periódico, duro y rugoso. Nada escrito por un lado. Nada de fotos por el otro. Solo una columna escrita, con un titulo en negrita. Leo en un perfecto español. TRACTAT DEL LOBO ESTEPARIO. Sorprendido, miro a mí alrededor buscando al dueño. Pero a nadie distingo hasta donde llegan mis ojos. Solo, en la inmensa playa, empiezo a leer el papel…
TRACTAT DEL LOBO ESTEPARIO
“Nunca ha tenido un hombre alguno una necesidad más profunda y apasionada de independencia que él. En su juventud, siendo todavía pobre y costándole trabajo ganarse el pan, prefería pasar hambre y andar con los vestidos rotos, si así salvaba un poco de independencia. No se vendió nunca por dinero ni por comodidades, nunca a mujeres ni a poderosos; mas de cien veces tiró y apartó de sí lo que a los ojos de todo el mundo constituía sus excelencias y ventajas, para conservar en cambio su libertad. Ninguna idea le era más odiosa que la de tener que ejercer un cargo, someterse a una distribución de tiempo, obedecer a otros. Una oficina, una cancillería, un negociado eran cosas para él tan execrables como la muerte, y lo mas terrible que pudo vivir en sueños fue la reclusión en un cuartel. A todas estas situaciones supo sustraerse, a veces mediante grandes sacrificios. En esto estaba su fortaleza y su virtud, aquí era inflexible e incorruptible, aquí era su carácter firme y rectilíneo. Pero a esta virtud estaban íntimamente ligados su sufrimiento y su destino. Le sucedía lo que les sucede a todos; lo que él, por un impulso muy íntimo de su ser, buscó y anheló con la mayor obstinación, logró obtenerlo, pero en mayor medida de lo que es conveniente en los hombre. En un principio fue su sueño y su aventura, después su amargo destino. El hombre poderoso en el poder sucumbe; el hombre del dinero en el dinero; el servil y humilde, en el servicio; el que busca placer en los placeres. Y así sucumbió el lobo estepario. Alcanzó su objetivo, fue cada vez más independiente, nadie tenía nada que ordenarle, a nadie tenía que ajustar sus actos, sólo y libremente determinaba él a su antojo lo que había que hacer y lo que había de dejar. Pues todo hombre fuerte alcanza indefectiblemente aquello que va buscando con verdadero ahínco. Pero en medio de la libertad lograda se dio bien pronto cuenta de que ésa su independencia era su muerte, que estaba solo, que el mundo lo abandonaba de un modo siniestro, que los hombres no le importaban nada; es mas, que él mismo a sí mismo tampoco, que lentamente iba ahogándose en una atmósfera cada vez más tenue de falta de trato y de aislamiento. Porque ya resultaba que la soledad y la independencia no eran su afán y su objetivo, eran su destino y su condenación, que su mágico deseo se había cumplido y ya no era posible retirarlo, que ya no servía de nada extender los brazos abiertos llenos de nostalgia y con el corazón henchido de buena voluntad, brindando solidaridad y unión; ahora lo dejaba solo. Y no es que fuera odioso y detestado y antipático a los demás. Al contrario, tenía muchos amigos. Muchos lo querían bien. Pero siempre era únicamente simpatía y amabilidad lo que encontraba; lo invitaban, lo hacían regalos, le escribían bonitas cartas, pero nadie se le aproximaba espiritualmente, por ninguna parte surgía compenetración con nadie, y nadie estaba dispuesto ni era capaz de compartir su vida. Ahora lo envolvía el ambiente de soledad, una atmósfera de quietud, un apartamiento del mundo que lo rodea, una incapacidad de relación, contra la cual no podía nada, ni la voluntad, ni el afán, ni la nostalgia. Éste era uno de los caracteres más importantes de su vida. El era un lobo estepario.
Absorto en el texto que acabo de terminar de leer, levanto la cabeza para darme cuenta qué lo que antes era un cielo azul ahora es una nube oscura. Espesa, pesada. El mar bravío, levanta olas que rompen con furia. El viento feroz lanza arena contra mi cuerpo. ¿Qué ha pasado?. ¿Cuanto tiempo estuve leyendo?. La lluvia empieza a caer con fuerza. Y de mis manos se vuela el texto. Se pierde lejos. Corro rápido a refugiarme. Corro rápido por entre la maleza. Pero el parking no está donde estaba. Solo, un bosque frondoso. Y corro, y corro. Y tropiezo y caigo en un profundo agujero. La arena es blanda. El agua me escurre. Grito. Grito. Y nadie me oye. Algo se acerca. Algo oigo ahí arriba. Sobre el agujero aparece la cabeza de un gran lobo negro con cachos de pelo blanco. Y me enseña los dientes, furioso, rabioso. Y su baba me cae en la cara. La saboreo agria, viscosa. Y sus ojos son negros y me miran. Pero son ojos que conozco. Porque son mis ojos. Es mi mirada. Es el lobo estepario….y salta sobre mí.
Y de un salto me incorporo en mi cama. En mi furgoneta. Y de mi pecho se cae un libro abierto. Y en esa misma hoja Hermann Hesse escribió sus delirios. Su tractat del lobo estepario. Y me quede dormido ayer leyendo?. La linterna agonizante tras una larga noche emite una pequeña centella luminosa. Pero el sol no sabe centellear, abrasador y radiante sobre mi furgoneta provoca que salga. Aún dormido me dirijo a la playa. El cielo azul. Ninguna nube lo recorre. El agua cristalina, verdosa, espumosa. Arena fina. Y yo, solo… me mojo los pies y mi reflejo aparece sobre el agua, mi cara sigue dormida. Y una ola rompe el reflejo que vuelve a formarse tras ella, y ahora es un lobo el que se refleja. Pero su cara no es fiera. Su cara no es de rabia. Con una medio sonrisa, me mira. Sabe que ya nada importa lo suficiente. Que si esto es una comedia, el será el primero que se ria. Que ya todo le resbala. Que los cazadores aún le querrán matar. Y que el mundo seguirá girando porque así lo dispuso la naturaleza. Y si su naturaleza es ser lobo, ya ha llegado a conocerse. Así le engendraron. Ya solo le importa su manada. Los que tiene a su lado. Y seguirá odiando a las ovejas. Aquellas que son su presa. Porque odia a los rebaños estupidos. Odia a los animales que no piensan. Ya solo le importa seguir disfrutando del cielo azul que tiene tras su cabeza. Del agua donde se refleja. De la tierra donde se sujeta. Del fuego que arde en su interior. De esa llama que llaman vida. Y lo que pase, un pobre lobo nunca lo podrá saber. Y otra ola rompe la imagen. Y me adentro en el mar. Yo…….solo.
La mejor entrada, Fher. Veo que te vas encontrando. Me alegro de que sepas reírte a carcajadas si esto se trata de una comedia finalmente. Me alegro también de que ordenes cada cosa en su sitio, cada oveja en su rebaño y cada lobo en su estepa. Pablo.
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