
Me siento en la playa y pienso. Empiezo a necesitar mi tiempo. Mi espacio. Empiezo a ser yo, y mi yo necesita a veces soledad. Hoy no podía aguantar más ese ajetreo constante de cuerpos a mí alrededor, de vida social. Respiro hondo mirando el mar. Una luna perfectamente redonda y grande sale tras el faro. Todavía queda luz en el horizonte. Me siento en la playa y pienso. Y unas horas después esa misma luna redonda y gigante me vigila desde lo alto. Me mira mientras yo discuto sobre la arena, hablo, e intento hacer entender que mis treinta años… son treinta años. Y que hay cosas que para mí son imposible. Que intento no ser el que fuí. Que ahora tengo en mi cabeza otros vicios. Otras cosas. El inglés me sale tosco y simple. Pero la luna me entiende. Lo siento blanca luna. Lo siento blanca niña.
Y mi tabla ya está curada. Y vuelvo a arrojarme sobre el mar con ella. Y avanzamos juntos en esto del surf. Y atardeciendo remo y sufro para llegar hasta donde rompen las olas. Me siento sobre el agua. Admiro el atardecer. Y brevemente me acerco a entender qué es este deporte, qué es esta cultura, esta forma de vida. Y veo como un niño tan pequeño como un muñeco, se desliza como un ángel por la espuma, gira como un demonio sobre la ola.
Y nos vamos a Nimbi. En el coche de Eva, vamos los cuatro devorando cookies y carretera. Y Nimbi es una calle, es madera, es pinturas, es marihuana, un punto en mitad de un valle. Y buscamos las cataratas. Y buscamos la barbacoa. Y las alitas de pollo están sabrosas, cuando el queso se derrite sobre el lomo. Vistas de infarto. Caída libre de agua cristalina. Pájaros de peluche. Lagartos barnizados. Y observo Byron en la lejanía, esa punta donde acaba la tierra australiana.
Llega la cena, llega la noche. Y la escuela nos sortea a nuestra pareja para tan dulce majar. Taiwanesa de sonrisa constante. Con un inglés raquítico, tan raquítico como la cena que nos dan. Y me como mi plato haciendo preguntas absurdas sobre su vida en Taiwan, pero ella es incapaz de responder. La chinita no se entera. Y me aburro. Y me como su plato, que ella no quiere y yo ya soy perro viejo y sé la noche que se avecina y la buchaca es lo primero que hay que llenar en una noche de acción. Y me mira con su coca-cola mientras acabo mi litrona. Y la gente se ha puesto guapa. Y me muevo con mis pitillos. Y nos vamos 150 personas a una casa en las afueras. Autobús psicodélico. Y la taiwanesa se sienta a mi lado. Con su sonrisa perenne. Y la gente ya está excitada. Berreando por los asientos. Botellas de cerveza. Botellas de tequila. Y suena MGMT. Time to pretend, como una señal de que la noche es larga y que la vida es corta. Y me escapo de mi parnert. Elige bien el camino taiwanesa. Y en la noche la perdí.
La gente abarrota los alrededores de la casa. Se deslizan por la puerta. Se sumergen en la música. Mis tickets de cerveza. Mis chupitos de tequila. El coreano de mi clase desatado con un break dance infernal. Las japos tocadas, derraman sus gargantas con grititos infernales. Brasileños de ojos rojos. Suizos moviéndose en manada. Y españoles que se multiplican, que somos 20 y parecemos 200. Y se nubla la vista. Que esta cerveza me sabe a tequila, que este tequila me sabe a cerveza. Y escucho “born to be wild” adentrandome por el camino del olvido, Espacios en blanco. Olor dulce que se me incrusta en el cerebro. Olor dulce que electriza mis sentidos. Autobús de vuelta. Gritos en la oscuridad. Flashes en la noche. Y yo gritando Wake Up, Ghi…Wake up, Ghi…pero Ghi perdió la batalla contra José Cuervo. Pero él no pudo conmigo. Hoy gané la batalla. Y bailo electrónica, abrazado a la noche, abrazando la victoria.
Playa soleada. Mar resacoso. Cabeza resacosa. Olas que despejan mi cuerpo. En una playa perdida, con tíos en pelotas, con viejas en pelotas. Y no llegamos al Sushi. Y nos comemos fishs and chips. Y me sumerjo en la lectura. Y me quedo dormido sobre un puf. Tirado en el backpacker. Babeando las páginas de un libro que no me engancha. Y aquí ya llega el verano. Y sudo como un pollo. Y me sobra el saco. Y la camiseta. Y los calzoncillos. Y en pelotas con el culo blanco oigo como el puto francés berrea antes de que me cague en su puta madre.
Y conozco a Jordi. Chileno. Hombre de mundo. Hombre de cine, de libros, de vicios, de charlas…y hablamos en la playa. De nuestras grande figuras, de aquellos que nos mueven la mente, tal vez en la dirección equivocada, tal vez en la dirección acertada. Los que hacen que queramos vivir como vivimos. H…B…B…K...y estos se aburren de nosotros y se van. Y nos quedamos en una esquina. Y le prometo dejarle mis libros. Que aquí nueva lectura en la lengua materna es necesaria como la droga. Y le pierdo de vista con su libreta en el bolsillo que guardara la esencia de su cerebro.
Y busco furgoneta, que aquí es van, pero que lo pronuncio mal. Y es con vfan. Y a todos les simulo el volante y así se enteran. Y me monto con unas italianas, que me la quieren vender. Y las italianas casi se mueren de miedo, porque el cretino que va al volante, nunca ha conducido por la izquierda. Y casi me como el lateral. Y no sé por donde se gira. Y me hablan en inglés. Y me hablan en italiano. Muchas gracias chicas. Ya os llamare si eso. Y Eva me dice que me da su guitarra, que ella ya se marcha. Y doy la tabarra. Con cuatro notas. Con una melodía. Y me imagino en mi furgoneta tocando la guitarra. Pero ni tengo furgoneta, ni sé tocar la guitarra. Y me quedo dormido en el sofá abrazado a sus curvas de madera. Repitiendo las cuatro notas. Pensando en mi furgoneta. Pensando en aprender a tocar la guitarra.
Y es domingo, o es lunes, o es martes…y es de noche, y me como medio pollo asado tirado en la puerta del supermercado, y llueve, pero es lluvia que no moja, refresca. Y Eva me cuenta sus problemas, y yo soy feliz… con el medio pollo que me como con las manos. Así de simple, así de sencillo. Así es como me siento…con mi medio pollo que me como con las manos…sí, soy feliz, porque da igual lo que hagas y donde estés, simplemente siéntete bien, disfruta…aunque sea comiéndote medio pollo con tus manos.
Y el mar hoy está fatal, pero el surfero se me cuela antes. Y no puedo parar. Y se tira. Y me paro. Y mi tabla sale disparada sobre su cabeza. Y se agacha. Y la ola nos lleva. Y cuando salgo de la marabunta, me dice que me largue lejos de esa zona. En un inglés que le delata de la zona. Eyhhhhh Man, take easy, take easy…this beach is for you and for me…ok…caras de pocos amigos… escupitajos hacia el agua…distancia…frio…y cuando salgo nos cruzamos…y me estrecha su mano diciéndome…I´m sorry man…I´m sorry…apretón de manos…es el espíritu del mar…es el espíritu del surf…pero la próxima vez te tragas mi tabla so listo.
Y lo que nunca pensé que pasaría podría pasar, que aquí todo puede pasar. Y me digo no, y me digo si. Y veo “le llamaban Body”, que aquí le llaman de otra manera, no a Body si no a la película. Y me sigo diciendo no y me sigo diciendo si. Fractura craneoencefálica que no duele, pero molesta. Pasos de funambulista mientras me acuerdo de la dama y el vagabundo. Cartoon de carne y hueso. Comprando la entrada para ver a Pearl Jam en carne y hueso. Recordando qué vine a hacer aquí. Recordando a mi hermana. Pero mis padres me dicen que yo nunca tuve hermana. Recordando que uno huye para cambiar. Que uno no puede ser el de allí. Que el aire que aquí respiro no puede ser de Madrid, no puede ser español. Madrid lejos… pero lo tengo cerca. Y abro la website de El País…y leo… y siento total despreocupación, sinceramente no me interesa nada de lo que pasa allí, siento como la tirita se despega de la herida, se despega de la piel, y no duele…no duele.
Y cuanto ha pasado?, un mes, un año, un siglo, conozco gente de un mes y parece que les conozco de un año, y para mí ya parece que ha pasado un siglo. Todo esto lo pienso mirando desde la acera el concierto de “The Wailer” en el Beach Hotel, olor dulce bajo mi cara. Respiro con los ojos cerrados. Me abrazo al deseo. A un tranvía llamado deseo. Cómodo, tranquilo, relajado. Que hoy ha sido un día extraño. Que hoy me han robado la bici. Que hoy me he comprado una furgoneta. Pero eso…eso………. ya es otra historia.
Y mi tabla ya está curada. Y vuelvo a arrojarme sobre el mar con ella. Y avanzamos juntos en esto del surf. Y atardeciendo remo y sufro para llegar hasta donde rompen las olas. Me siento sobre el agua. Admiro el atardecer. Y brevemente me acerco a entender qué es este deporte, qué es esta cultura, esta forma de vida. Y veo como un niño tan pequeño como un muñeco, se desliza como un ángel por la espuma, gira como un demonio sobre la ola.
Y nos vamos a Nimbi. En el coche de Eva, vamos los cuatro devorando cookies y carretera. Y Nimbi es una calle, es madera, es pinturas, es marihuana, un punto en mitad de un valle. Y buscamos las cataratas. Y buscamos la barbacoa. Y las alitas de pollo están sabrosas, cuando el queso se derrite sobre el lomo. Vistas de infarto. Caída libre de agua cristalina. Pájaros de peluche. Lagartos barnizados. Y observo Byron en la lejanía, esa punta donde acaba la tierra australiana.
Llega la cena, llega la noche. Y la escuela nos sortea a nuestra pareja para tan dulce majar. Taiwanesa de sonrisa constante. Con un inglés raquítico, tan raquítico como la cena que nos dan. Y me como mi plato haciendo preguntas absurdas sobre su vida en Taiwan, pero ella es incapaz de responder. La chinita no se entera. Y me aburro. Y me como su plato, que ella no quiere y yo ya soy perro viejo y sé la noche que se avecina y la buchaca es lo primero que hay que llenar en una noche de acción. Y me mira con su coca-cola mientras acabo mi litrona. Y la gente se ha puesto guapa. Y me muevo con mis pitillos. Y nos vamos 150 personas a una casa en las afueras. Autobús psicodélico. Y la taiwanesa se sienta a mi lado. Con su sonrisa perenne. Y la gente ya está excitada. Berreando por los asientos. Botellas de cerveza. Botellas de tequila. Y suena MGMT. Time to pretend, como una señal de que la noche es larga y que la vida es corta. Y me escapo de mi parnert. Elige bien el camino taiwanesa. Y en la noche la perdí.
La gente abarrota los alrededores de la casa. Se deslizan por la puerta. Se sumergen en la música. Mis tickets de cerveza. Mis chupitos de tequila. El coreano de mi clase desatado con un break dance infernal. Las japos tocadas, derraman sus gargantas con grititos infernales. Brasileños de ojos rojos. Suizos moviéndose en manada. Y españoles que se multiplican, que somos 20 y parecemos 200. Y se nubla la vista. Que esta cerveza me sabe a tequila, que este tequila me sabe a cerveza. Y escucho “born to be wild” adentrandome por el camino del olvido, Espacios en blanco. Olor dulce que se me incrusta en el cerebro. Olor dulce que electriza mis sentidos. Autobús de vuelta. Gritos en la oscuridad. Flashes en la noche. Y yo gritando Wake Up, Ghi…Wake up, Ghi…pero Ghi perdió la batalla contra José Cuervo. Pero él no pudo conmigo. Hoy gané la batalla. Y bailo electrónica, abrazado a la noche, abrazando la victoria.
Playa soleada. Mar resacoso. Cabeza resacosa. Olas que despejan mi cuerpo. En una playa perdida, con tíos en pelotas, con viejas en pelotas. Y no llegamos al Sushi. Y nos comemos fishs and chips. Y me sumerjo en la lectura. Y me quedo dormido sobre un puf. Tirado en el backpacker. Babeando las páginas de un libro que no me engancha. Y aquí ya llega el verano. Y sudo como un pollo. Y me sobra el saco. Y la camiseta. Y los calzoncillos. Y en pelotas con el culo blanco oigo como el puto francés berrea antes de que me cague en su puta madre.
Y conozco a Jordi. Chileno. Hombre de mundo. Hombre de cine, de libros, de vicios, de charlas…y hablamos en la playa. De nuestras grande figuras, de aquellos que nos mueven la mente, tal vez en la dirección equivocada, tal vez en la dirección acertada. Los que hacen que queramos vivir como vivimos. H…B…B…K...y estos se aburren de nosotros y se van. Y nos quedamos en una esquina. Y le prometo dejarle mis libros. Que aquí nueva lectura en la lengua materna es necesaria como la droga. Y le pierdo de vista con su libreta en el bolsillo que guardara la esencia de su cerebro.
Y busco furgoneta, que aquí es van, pero que lo pronuncio mal. Y es con vfan. Y a todos les simulo el volante y así se enteran. Y me monto con unas italianas, que me la quieren vender. Y las italianas casi se mueren de miedo, porque el cretino que va al volante, nunca ha conducido por la izquierda. Y casi me como el lateral. Y no sé por donde se gira. Y me hablan en inglés. Y me hablan en italiano. Muchas gracias chicas. Ya os llamare si eso. Y Eva me dice que me da su guitarra, que ella ya se marcha. Y doy la tabarra. Con cuatro notas. Con una melodía. Y me imagino en mi furgoneta tocando la guitarra. Pero ni tengo furgoneta, ni sé tocar la guitarra. Y me quedo dormido en el sofá abrazado a sus curvas de madera. Repitiendo las cuatro notas. Pensando en mi furgoneta. Pensando en aprender a tocar la guitarra.
Y es domingo, o es lunes, o es martes…y es de noche, y me como medio pollo asado tirado en la puerta del supermercado, y llueve, pero es lluvia que no moja, refresca. Y Eva me cuenta sus problemas, y yo soy feliz… con el medio pollo que me como con las manos. Así de simple, así de sencillo. Así es como me siento…con mi medio pollo que me como con las manos…sí, soy feliz, porque da igual lo que hagas y donde estés, simplemente siéntete bien, disfruta…aunque sea comiéndote medio pollo con tus manos.
Y el mar hoy está fatal, pero el surfero se me cuela antes. Y no puedo parar. Y se tira. Y me paro. Y mi tabla sale disparada sobre su cabeza. Y se agacha. Y la ola nos lleva. Y cuando salgo de la marabunta, me dice que me largue lejos de esa zona. En un inglés que le delata de la zona. Eyhhhhh Man, take easy, take easy…this beach is for you and for me…ok…caras de pocos amigos… escupitajos hacia el agua…distancia…frio…y cuando salgo nos cruzamos…y me estrecha su mano diciéndome…I´m sorry man…I´m sorry…apretón de manos…es el espíritu del mar…es el espíritu del surf…pero la próxima vez te tragas mi tabla so listo.
Y lo que nunca pensé que pasaría podría pasar, que aquí todo puede pasar. Y me digo no, y me digo si. Y veo “le llamaban Body”, que aquí le llaman de otra manera, no a Body si no a la película. Y me sigo diciendo no y me sigo diciendo si. Fractura craneoencefálica que no duele, pero molesta. Pasos de funambulista mientras me acuerdo de la dama y el vagabundo. Cartoon de carne y hueso. Comprando la entrada para ver a Pearl Jam en carne y hueso. Recordando qué vine a hacer aquí. Recordando a mi hermana. Pero mis padres me dicen que yo nunca tuve hermana. Recordando que uno huye para cambiar. Que uno no puede ser el de allí. Que el aire que aquí respiro no puede ser de Madrid, no puede ser español. Madrid lejos… pero lo tengo cerca. Y abro la website de El País…y leo… y siento total despreocupación, sinceramente no me interesa nada de lo que pasa allí, siento como la tirita se despega de la herida, se despega de la piel, y no duele…no duele.
Y cuanto ha pasado?, un mes, un año, un siglo, conozco gente de un mes y parece que les conozco de un año, y para mí ya parece que ha pasado un siglo. Todo esto lo pienso mirando desde la acera el concierto de “The Wailer” en el Beach Hotel, olor dulce bajo mi cara. Respiro con los ojos cerrados. Me abrazo al deseo. A un tranvía llamado deseo. Cómodo, tranquilo, relajado. Que hoy ha sido un día extraño. Que hoy me han robado la bici. Que hoy me he comprado una furgoneta. Pero eso…eso………. ya es otra historia.
