sábado, 24 de abril de 2010

I'm the egg-man (vagos y maleantes)

"Todos los hombres solos están obligados a poblar su soledad"
André Malraux


Me paso el día borracho. Bueno tal vez esa no es la palabra, mas bien es la sensación que te dan dos cañas a una hora demasiado temprana, cuando te levantas de la mesa pensando, que tio más cojonudo soy y en que sitio más cojonudo estoy. Pues así me siento, lo único que no estoy en un sitio cojonudo, ni soy un tio cojonudo. He pasado los últimos días en tres megalópolis asiáticas. Las recorro sin ninguna gana y hacia ningún lugar. Mirando el suelo a mi paso. No veo el cielo que está tapado por cemento, contaminación, palillos chinos y bombillas que hacen Brrrrrr...o simplemente no lo veo porque no levanto la cabeza. Voy de aquí para allá, pero sin ninguna convicción de encontrar el allá. Me he convertido en lo que mi abuelo denominaría, un vago y un maleante. Escribo historias sobre boxeadores que lloran como niños y de hombres que se levantan con la nariz rota y 1000$ falsos en su chaqueta, y ni siquiera sé si son el mismo tipo.

Como mi Casio water resist amarillo se rompió por una pistola de agua, y hace meses que me robaron el movil, me he comprado un despertador azul eléctrico que llevo en el bolsillo y ando esperando que suene la alarma para la siguiente cerveza. Mato el tiempo comprándole ropa a los chinos, y supongo que por efectos del alcohol, intentando sentirme un tio cojonúdamente cojonudo, me he comprado dos pantalones de marica, una camiseta de zapatillas y una camiseta-de-Kurt-Cobain-que-no-es-una-camiseta-de-Nirvana. Así que un día me pongo la de Curtis y otro la de Cobain, y voy con mis dos poetas suicidas por si ellos quieren mirar al cielo.

Otra de mis tareas es leer, pero cuando te encuentras a nosecuantoskilometros, encontrar libros decentes en castellano en librerías de segunda mano es complicado, y te aferras a cualquier cosa. Estoy con uno de una chiflada neurótica y deprimida que me cuenta en quinientas páginas su depresión de neurotica chiflada. Encontre otro de uno de los chiflados de gomaespuma y uno más de Benedetti para que me cuente lo chiflados que están en Sudamérica. También tengo un libro en inglés, pero necesito concentración, así que quitando el tiempo de después de levantarme, el tiempo antes de acostarme y el tiempo que paso borracho y sintiéndome cojonudo, pues solo le dedico un par de minutos al día.

Escucho a los Beatles a todas horas. Una y otra vez. Una y otra vez. Y como paso de una mazmorra sin ventanas, a un zulo sin ventanas de ciudad en ciudad, he decidido organizar fiestas beatlenianas en mis cuartuchos de paredes blancas. Lady Madonna, Magical Mistery Tour, Lucy in the Sky with Diamonds, pero cuando llega Hey Jude ya estoy cansado de la fiesta, y me quedo dormido al final del estribillo, soñando con prados verdes y mariposas que son cometas, montañas con linternas en sus cimas, hombres sobre tablas de planchar y mares con barquitos de papel...creo que me largo a Byron, lo necesito.

jueves, 22 de abril de 2010

No más


No te veo, no te oigo, no te siento.

No más tú, ahora solo yo.

No más Malasia, ni Tailandia, ni Camboya.

No más tallarines, ni arroz, ni pizza, ni espaguetis.

No más papel del culo rosa, en baños que son bañeras y duchas que son baños.

No más camas duras, ni blandas, ni ventiladores que soplaban los sueños.

No más pistolas de agua, ni cubos de colores, empapados pero nunca de lágrimas.

No más aviones, ni barcos, ni autobuses, ni tuk-tuk, ni motocicletas.

No más furgonetas psicodélicas que nos llevaron camino a la libertad que tatuamos en nuestra muñeca.

No más Jack Jonhson, ni José Gonzalez, ni camisetas de Bowie y Joy Division.

No más detectives de Auster, que nunca saben lo que buscan por qué nunca son lo que parecen.

No más vagabundos del Dharma, durmiendo acurrucados mientras Jack nos cuenta uno de sus cuentos.

No más batidos de plátano, ni sandía, ni limón, ni apuestas de cucarachas y gusanos fritos.

No más pies negros de andar por el país de las últimas cosas.

No mas monedas raras que nunca lograste descifrar, ni cruzar fronteras que llevan a ruinas y pobreza.

No más helados del Seven Eleven que siempre se me caian al suelo en el mejor momento.

No más playas paradisiacas, ni tiburones que te daban miedo, ni tortugas que nunca vi.

No mas robos de mochila, ni pantalones estilo talibán.

No más budas de piedra y oro, ni túnicas color azafrán.

No más corridas tuyas , ni mias, ni sudores frios cuando nos pusimos malos.

No más soles naranjas, ni estrellas que no se veian, ni estrellarnos contra un camino de tierra.

No más camisas rojas que luchan por lo de siempre, y los de siempre les tiran balas a la cabeza.

No más cervezas con hielo, ni tabaco sabor vainilla, ni "white russian" con pajita.

No más ranas de madera, ni pájaros que imitar cuando estábamos borrachos.

No más besos de buenos días, ni buenas noches al oido.

No más ice coffee con azucar para toda la eternidad.

No más pagodas que nunca acaban, ni chinos que se nos quieren colar.

Mil pañuelos camboyanos y nada con lo que limpiarme, secarme. El vacío.

No más tú, tú ya no estás.

martes, 20 de abril de 2010

Erase una vez... la pesadilla

Erase una vez un país llamado Camboya. Corria el año 1970, y en su país vecino, Vietnam, EE.UU. intentaba convencer al mundo de que las guerras las gana el más fuerte, y el rojo era un color que no gustaba. En Camboya un grupo guerrillero cercano al maoismo, llamado "los jemeres rojos", comenzaron una guerra civil. Empujados por el seismo de la guerra de Vietnam, los jemeres rojos tomaron la capital de Camboya, ganando la guerra civil y dando comienzo a la revolución más radical y brutal que el mundo pudiera ver.

Pero el mundo se tapó los ojos despues de que EE.UU. perdiera, dos semanas después, la guerra de Vietnam. Ya nadie miraba hacia Indochina, y nada se perdia allí ya. Con la llegada de los jemeres rojos y su lider Pol Pot al poder, se implanta el "año zero" y se intenta transformar el país en una gran cooperativa agraria. El sueño se transforma en pesadilla y en los siguientes cinco años, dos millones de camboyanos mueren a causa de las politicas extremas del jemer rojo. La vasta mayoría de la población con estudios fue ejecutada. Hablar una lengua extranjera o vestir de manera occidental, podía ser una excusa para ser asesinado o torturado, por considerarse un parásito de occidente. La gente fue expulsada de las ciudades y recolocadas en el campo. Escritores, doctores, abogados e intelectuales fueron aniquilados. Personas que trabajaban para el anterior gobierno eran asesinadas con sus mujeres e hijos. Después de cinco años de terror, y con el final de los jemeres rojos con la invasión de Camboya por Vietnam, los que sobrevivieron al apocalipsis habían perdido al menos a alguien de su familia. La pesadilla se instaló en la mente del país, y muchos tardaron en despertar.

A veces correr es la única alternativa en un mal sueño, y a veces también es peligroso correr. Vamos sobre la moto, como si huyéramos de no se qué. La carretera es de tierra y pierdo el control. Dando tumbos nos vamos al suelo, rodando por la grava. El miedo puede al dolor, y me levanto corriendo hacia neni. Rie o llora?, solo la puedo ver la boca tras el casco. Se lo quito, y rie por no llorar. Las heridas son leves, rasguños en las extremidades. Diez campesinos nos rodean, me ofrecen balsámico de tigre, que me moje las heridas en gasolina. Pero yo solo quiero irme, llegar al hotel y lavarme las heridas. Enderezo la moto y llenos de polvo nos vamos con el susto pilotando.


Ahora que escribo esto, cuando ya solo quedan las costras, me doy cuenta de cual es la mejor cualidad del hombre. El olvido. Al sufrimiento. Al dolor. Ya me olvidé de las heridas, como los camboyano olvidaron las muertes y el terror para poder seguir viviendo sin llorar. Olvidaron lo que no entendieron como yo olvido lo que os quería contar.......a si....ya sé cual es la peor cualidad del hombre. El olvido. Al sufrimiento. Al dolor. Por eso una y otra vez volvemos a matarnos los unos a los otros. Reproducir en vida las pesadillas.

domingo, 11 de abril de 2010

I belive in Joy Division


David Bowie, Ian curtis. David Bowie, Ian Curtis...delante de una tienda de ropa intento decidir cual de las dos caras llevaré con entusiasmo juvenil en mi pecho. Nos encontramos en Ko Phi Phi, la joya de las islas tailandesas. La playa de "La playa". Un lugar donde te puedes encontrar una camiseta de Bob Marley sobre un fondo de colores chillones, y bailar borracho sobre una tarima a dos metros del mar y aún sentir que estás en un paraiso perdido.


David Bowie,Ian Curtis...creo que siempre me ha sentado mejor llevar a vivos que a muertos. Pago la camiseta de Bowie mientras el cantante de Joy Division me mira con sus ojos tristes desde el perchero, como intentando hacer entender que aun muerto, la vida le sigue pareciendo una mierda. Nunca entendiste la libertad, hasta que al final te sentiste libre para ahorcarte en el comedor de tu casa.

Salgo con la palabra "libre" rondando mi cabeza y como por un impulso mecanico entro en una Tatoo shop, donde un chaval de diecisiete años me tatua, con un bamboo de medio metro y una pequeña cuchilla, la palabra "libre" en tailandés sobre mi muñeca derecha. El dolor me hace sudar mientras veo la tinta negra inyectándose en mi piel. Marcada ya para siempre, para que no olvide sentirme libre para hacer gilipolleces como esta. Libre de seguir llevando la cara de una estrella del pop sobre mi pecho. De gritar "I belive In Joy Division". Libre de follar o no follar. De salir o entrar. De creer o no creer. Escribir o leer. De estar tan perdido aún, que no sé ni a lo que me quiero dedicar. De decir "te quiero" aunque no crea en el amor. De morirme solo, aunque no crea ni lo que digo. De decirle al ni;o que acabe, que mi muñeca revienta, y ver que neni también es libre de seguir este juego de palabras.

Viajamos a Phuket. Un circo de cuatro esquinas. Cuando te alejas de los focos puedes encontrar la tranquilidad, incluso la belleza. Pero el espectaculo está en el centro para el disfrute de niños y mayores. Precios insolitos. Nos unimos a la fiesta. Estreno mi camiseta verde de Bowie, junto al color de los luminosos, la música, el ajetreo. Las chicas tailandesas, muchas de ellas putas, bailan frenéticas dentro de los locales. Los extranjeros, muchos de ellos viejos, se chupan la baba de la comisura de los labios. Los demás, miramos asombrados como si de un truco de magia se tratara, que parece que es real, aunque buscamos el truco y la mentira.

Cuatro chicas jóvenes bailan sobre una barra americana siguiendo el ritmo de la canción "Digital", o mas bien el soniquete tecno que la acompaña. Casualidades de esta historia, la voz de Curtis se oye ahogada por la base tecno de la versión. La canción de Joy Division me recuerda la propia historia del nombre del grupo. La división alegre, mujeres alemanas transformadas en putas para disfrute de los altos mandos nazis, madres de la que sería la futura y auténtica raza aria. Hoy las putas tienen la tez oscura y los ojos achinados, se contorsionan delante de alemanes, ingleses, americanos, japoneses, franceses......que disfrutan de su "división alegre".

La palabra ''libre" pegada a mí, no sé que nivel alcanza en este espectaculo. Libertad de hacer lo que uno quiera con su cuerpo, con su dinero. Juego de la libertad. El todo o nada. Fascismo o anarquismo. Duro o blando. Donde no hay equilibrio porque nadie lo encuentra. Y yo me callo, que no soy juez, ni Dios, y tal vez un día mis billetes vaya a esas manos y mi polla a esos coños. Pero cuando ves a un viejo llevando de la mano a una adolescente. Por qué él, es libre para hacer esto? Es ella realmente libre de hacerlo?. Neni y yo nos subimos a la moto y nos largamos. Por hoy no me apetece gritar "I belive in Joy Division".


http://www.youtube.com/watch?v=tRnWYALFPCw&feature=related