miércoles, 26 de mayo de 2010

Flames



De nuevo Kuala Lumpur. Pero hoy en la esquina de Chinatown, arden volante, ruedas, hierro, acero. El calor nos calienta la cara. Gente hipnotizada por el fuego. Sonido de claxon histérico. Me acuerdo de mi último cigarrillo en Byron. Imposible de liar. Manos sudadas. Tal vez algo nervioso. Vino del malo de esos que vienen en caja de cartón. Llega la manada de elefantes arroyando a la colonia de hormigas. Todos en linea recta se sientan con nosotros. No por tener un cenicero de oro las colillas dejan de ser asquerosas. Pies, metros, centigrados, fahrenheit, galones, litros, distintas medidas para las mismas cosas. La idiotez se mide por igual en todos los paises, y mira que tú eres gilipollas. Cuentan chistes sin gracia. Yo fumo. No hablo. No me digas nada que te estallo la jarra de vino en la cabeza. Y tú no me mires así, te quedaste con las ganas, pero ya nunca sera tu día. Me trago el humo y me despido. Humo subiendo hasta el infinito. Por encima de los edificios. Oliendo a rueda quemada. Estallan los cristales en mil pedazos. Mi viaje estalla por un visado. Rasgándose por donde debía. Separandose el plástico de la pintura. Y entonces ??? yo ya no pinto nada. Solo es un cigarro que consume a un hombre o un hombre que consume el tiempo?. No tengas miedo, el monstruo del armario se ha cogido vacaciones. Todos se acercan a mirar, pero para mí ya no hay nada que ver. El cigarro se ha terminado. Y mientras veo como los bomberos se acercan, vuelvo sobre mis pasos. El camino a casa. Y pienso, ya sé porque no se puede fumar en los autobuses.

1 comentario:

  1. Ha sido un cigarro intenso y si se ha terminado vuelve!! que por aqui también hay muchas historias que contar.

    ResponderEliminar