domingo, 28 de febrero de 2010

LOSER


“I´m a loser, baby. You can to kill me...”

Es lo que oigo al girar la llave que enciende la furgoneta alquilada. Casualidad o no, las palabras vuelven a mí. Una frase que en una noche fría de fin de año me dibujé en un brazo, con Australia también como telón de fondo. En una noche donde empezó a fraguarse todo este viaje.
La frase retumba en la furgoneta alquilada. Ya no es mi furgoneta, pero estamos fraguando otro viaje. De nuevo en la carretera.

Quien ha perdido más en estos días?. Mi casa. Mi vehiculo. Una forma de vida. Pero nenis, no me asesines todavía. Soy un “loser” apenado. Soy un ¨”loser” contento. De nuevo en la carretera.

Grafitos de Pitufos decoran la furgoneta alquilada, aquí llamados Smurfs. Nuestros amigos azules serán nuestra señal de identidad. No pasaremos desapercibidos. Estamos en la Ocean road, una serpenteante carretera que bordea playas y acantilados.

Atrás dejamos Melbourne. Nada destacable para mí, con la excepción de una exposición de AC/DC; ídolos locales. Una insuperable colección de quesos comprados en un mercado; que ha día de hoy han sido nuestra mejor compra. Y el hecho de que una ciudad con millones de habitantes, esté tan limpia sin ver a un solo barrendero; digno de maravillas mundiales.

Curvas y curvas sobre una serpiente de betún. Playas largas, esmeraldas. Cerveza en mano al final de la jornada. Y gritos de mil cacatúas como si un cuchillo les rebanara el gaznate.

Buenos días aguas gélidas. Buenos días chicos ardientes. Joder, que frío he pasado. Dos míseras mantas en las entrañas del la pitufoneta es poco para soportar la noche. Pero el día es otra cosa. Y nos desperezamos en las aguas del antártico. Y los abuelos pasean mientras nosotros nos desnudamos.

Doce apóstoles. Nombre bíblico para rocas de antes de los tiempos de cristo. Erosionadas por el mar, ahora abandonas sobre el mar. ufff…que hambre, y el hornillo no da gas. Y me entero que es como la gasolina, que te lo dan vacío y tú lo recargas. Ya, pero yo ni soy apóstol, ni mesías, ni duplico panes, ni peces, ni gasolineras en mitad de la nada. Reinventamos la comida, si no hay pasta pues… tenemos tomate, y hacemos un picadillo de verduras y pan, mucho pan, pero ese no es duplicado, es comprado. Jesucristo, que comida más sosa, que comida más rica.

Y Díos que tiene que decir en esto?. Que afán de protagonismo tiene el de arriba. Ya, pero yo soy el que manda, el creador, que hace cosas como esta…………y como un lienzo que nunca pudiera una mano pintar, ante nosotros en una playa perdida, se dibuja el atardecer que un hombre tampoco puede explicar. Así que desisto, que yo soy un mortal. Que soy un “loser”.

Y las Grampias son montañas secas, arboladas. Y allí nos encontramos bajo la lluvia, cerveza en mano, viendo como los canguros comen hierba. Como terminan comiendo de nuestra mano. Y creamos las reglas del furgonetero. Que no son los diez mandamientos. Que no nos sigue un pueblo entero, ni se nos abren los mares. Solo nos siguen los canguros, y lo único que se abre es su apetito por más pan, ya están cansados de tanta hierba. Y yo también estoy cansado de tanta lechuga. Quiero mierda, pero mierda bien fabricada.


La gran fabrica del payaso Ronald, de apellido Macdonald, el único sitio que se encuentra abierto a las 8 de la tarde en un pueblo del medio oeste americano...Oiga. Sí, dígame. Pero usted no estaba en Australia. Uffff…me equivoque de foto, es que la copia es perfecta.

La mierda entre panes, que tan mecánicamente la señorita me fabrica, como ruedas de camiones, como latas de cerveza. Y que jodidamente buenas están, sigo siendo un mortal. Sigo siendo un “loser”.

Mordisqueo mi hamburguesa, mientras en un canal de televisión vemos un documental, donde niños tullidos de Afganistán lloran cuando les tocan las manos y piernas destrozadas por las minas antipersonas. Creo que al señor Ronald se le ha colado este canal. ¿Y Dios que tiene que decir en esto?. A mi me enseñaron que había un Díos. Pero que le den por culo a Dios por permitir esto, que yo deje de creer hace mucho en dioses, y menos en hombres. Pero creo en los niños, que sin piernas y sin manos, aún tienen ganas de jugar. Y yo quiero seguir jugando. Y ya no soy un “loser”. Porque por desgracia siempre habrá alguien que pierda más que yo. Pero sigo siendo un mortal, y como tal, hago lo que hacemos los mortales, me termino mi hamburguesa y miro para otro lado.

2 comentarios:

  1. Debería de escribir alguna invitada especial y contar su experiencia en la pitufoneta.

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  2. EI PERRO, MELBOURNE ESTA BIEN...Y NO SOLO POR LOS QUESOS, JEJEJEJE
    UN ABRAZO

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