sábado, 10 de octubre de 2009

Kuala Lumpur


Por delante me queda un viaje largo de camino a Kuala Lumpur. Primera parada de cuatro días antes de llegar a Australia. Voy de Madrid a El Cairo, donde tengo que cambiar de avión. Espero seis horas para embarcar. Me veo una pelicula en mi ordenador, leo, y espero. A las tres de la mañana monto en el avión que me llevara a Malasia. Un gran boeing con tres filas de asientos. Me acomodo en la fila de en medio. Dos asientos me separan de un rastudo. Despegamos y duermo. Me levanto por las turbulencias. El rastudo duerme placidamente a mis pies. Me vuelvo a dormir, me levanto cuando tocamos suelo indio, se me olvido deciros que tenia otra parada en Mumbai, 40 minutos es mi breve estancia en suelo indio. Y de nuevo en el aire. Leo, duermo, respiro…

Kuala Lumpur. Megalópolis asiática. Rascacielos. Contaminación insoportable. Calor insoportable. Cretinos ricos. Cretinos pobres (estos por desgracia son los que peor parte sacan). Nada que desconozca de donde vengo. Mucho chino, mucho indio y los que quedan son malayos, que son mitadchinos-mitadindios.

Mi hostal es acogedor. En pleno chinatow. Creo que debería hacerla marca registrada, uno ha visto un chinatow en alguna ciudad del mundo y los ha visto todos. Estos mamoncetes algún día controlaran el mundo y todo el planeta será un jodido chinatown. El encargado del hostal me llama Fernando Torres, le contesto con la típica gracieta de turista que no sabe ingles, no,no,no… my team is the Real Madrid

Sin duda es el barrio más atractivo, gente, ruido, humo, mierda, mucho que ingerir por los cinco sentidos. Almuerzo rompiendo las reglas de oro en estos casos, en un puesto callejero, con cerveza y…hielo, mucho hielo. Hoy mi culo aun sigue vivo.

Visito las torres Petronas. Y ando… (Mientras escribo esto esta llegando a mi hostal como 20 niñatos muy monos todos, de algún país de rubios y con ganas de marcha, los veinte se meten en una habitación para rememorar “el camarote de mis queridos hermanos”, espero que no caguen, ni meen todos aquí, que ya somos unos cuantos, aunque toda la bacanal de perfumes que llevan adherido siempre se agradece). Las Petronas inmensa, y ando, y ando, y ando… me siento como el ángel de “el cielo sobre Berlín” viendo pasar a todos de un lado para otro, arriba-abajo-go,go,go. Un ángel tranquilo en su purgatorio antes de llegar al cielo (será Byron Bay donde me espera el señor de barba blanca para leerme mis pecados).

Ya en el hostal todos los sobrinos, hijos, familia y demás del encargado me llama Fernando Torres, ya me ahorro la gracieta madridista. Bueno ya soy Fernando Torres para todos. Una inglesa viene a hablar conmigo. No la entiendo. Intento tener una conversación a través de mi página web-traductor, pero es imposible. Se aburre. Se va. Unos cuantos se juntan en la cocina. Intento seguir su conversación en ingles. Me aburro. Me voy. Bueno Ampuero lo intentamos, lo intentamos.

El jet lag me mata, no logro dormir y me levanto los dos días a las 14:00 hora local, desayuno en un Kentucky al que logro llegar antes de que caiga el diluvio. Tragando piel de pollo miro el agua caer a raudales sobre los farolillos chinos. Tengo buenas sensaciones. No pienso en el futuro, no me importa el pasado, ahora solo es el momento.

Otra noche en vela y los niñatos me dan la tabarra. No suena la alarma y despierto al mediodia. El calor húmedo me quita el hambre, así que tomo algo de fruta para comer.
Vuelvo a las Petronas, donde hay un parque tranquilo donde pasar la tarde y estudiar algo. Ya de noche decido andar hasta la zona cercana a las torres donde se encuentran algunos garitos de estilo playero para que alguien como yo se tome una cerveza. Apuesto por “the beach”, con sus mesitas de madera, palmeras de papel, y un tiburón enano metido en una pecera. La fauna del local consta de extranjeros y asiáticas de faldas cortas, escotes y demasiado maquillaje. A los tres minutos ya entiendo de que va esto. A los 5 minutos una asiática se acerca a mi mesa mientras yo ojeo en la tele algún partido de la liga alemana. Me dice que estoy muy serio, que sonría. Su ingles es pésimo, el mío peor. Creo que tenemos que aprender el idioma para ganarnos la vida. Es china, de Shangai. Le gusta mi nariz. Me desenvuelvo fatal en estas situaciones, yo solo venia a tomarme una cerveza y ver algo de fútbol. Bebo frenéticamente de mi cerveza. Kaiser Chiefs atronan por los altavoces. A mí alrededor extranjeros calvos y canosos toman cerveza con su asiática de turno. Me sorprende que en un país musulmán donde te avisan al entrar que la posesión de drogas esta penado con la muerte, la prostitución sea algo tan natural en un local de la zona financiera. Que iluso soy, seguramente existan putas hasta en el cielo. Y cristo ni estará a la derecha de dios, seguro que una asiática de pechos grandes le mete mano por debajo de la tunica mientras el nos controla a todos.

Nuestra conversación es absurda y banal. No me siento cómodo. Me enseña palabras en chino. Todas beben zumos. Todos bebemos cerveza. A mi lado un barrigón se frota sobre su compañera asiatica y le llena el poco zumo que le queda de cerveza. Le tocara sufrir a ese desgraciado para ver desde algún hotel-rascacielo la ciudad con luces. Supongo que desde allí arriba la mierda se vera muy lejos. Pero la mierda sigue ahí.

Mientras la china me intenta sacar palabras, otras dos chicas se acercan a mí para decirme algo. No las entiendo. Una de ellas me hace obscenidades con un chupa-chup. Me bebo de un trago lo que me queda de cerveza, me despido y salgo cagando leches de allí. Lo que me faltaba ahora… putas, no te jode. Me miran pensando que soy marica. Dejo a la plebe de turistas babeantes con sus ojitos rasgados.
Pongo camino chinatown. Un buen pollo con limón me espera. De camino, dos chinos se aporrean la cara, uno robo no se que al otro. El mas grande hunde sus puños en la cara del otro, la sangre empieza a chorrear. Le estampa contra una moto que se va al suelo. No para de darle patadas, la mujer del peor parado grita asustada. Nunca se acostumbra uno a ver peleas. Dos indios separan y el grandullón se aleja por la calle gritando. El peor parado se agarra la cara. La sangre no para de salir a través de sus manos. Su mujer llora. Sigo mi camino. En menos de 20 minutos paso de ver caricias a puñetazos. Del amor por dinero al odio por dinero. Amor-odio. La ley de la gran ciudad. Mañana a Byron. Necesito ver el mar.

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